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Durante 1999 la economía mexicana enfrentó el reto de superar los
efectos de la incertidumbre de 1998, por lo que logró mantener un
ritmo de crecimiento del orden del 3.7%, con un crecimiento generalizado
en casi todos los sectores, a excepción de la minería.
Esta dinámica de crecimiento permitió que sectores como la industria
y la construcción continuaran creciendo y generando empleos, lo que
se tradujo en una tasa de desempleo abierto de 2.5% de la población
económicamente activa, siendo una de las tasas más bajas de los últimos
años. En este sentido, la creación de empleos formales registrada
por el número de trabajadores que fueron dados de alta en el Instituto
Mexicano del Seguro Social sumó 706 mil empleos formales, confirmándose
la fortaleza del crecimiento económico.
El crecimiento del empleo y el nivel de los aumentos salariales permitió
que mejorara el ingreso promedio de las familias con acceso a un empleo
formal, propiciando un crecimiento razonable del consumo que a su
vez alentó la inversión. En este contexto la política seguida por
las autoridades monetarias contribuyó a mantener la tendencia a la
baja de la inflación que al cierre de 1999 registró un nivel de 12.7
por ciento nivel inferior a la meta de 13 por ciento que originalmente
se había planteado.
Un factor que estuvo presente en los mercados financieros fue la consolidación
de los mercados nacionales como alternativas de inversión para los
grandes fondos extranjeros. Así, durante 1999, el valor de la inversión
extranjera en la Bolsa Mexicana de Valores prácticamente se duplicó,
alcanzando niveles superiores a los 60 mil millones de dólares. Esta
afluencia de recursos estuvo acompañada de ingresos por inversión
extranjera directa del orden de los 11 mil 500 millones de dólares,
situación que permitió mantener un nivel aceptable de ingreso de divisas
de largo plazo, para financiar el desequilibrio en la cuenta corriente
de la balanza de pagos, pero sobre todo para mantener las importaciones
baratas y darle estabilidad al tipo de cambio y a los precios de la
economía.
Si bien el desempeño de la economía no estuvo exento de riesgos, permitió
consolidar una serie de políticas tendientes a garantizar una transición
sexenal sin sobresaltos. Este hecho resulta relevante en la medida
en que los acontecimientos sociales y políticos constantemente contaminan
las variables macroeconómicas.
En este contexto, con la inflación a la baja y por consiguiente con
una tendencia similar en las tasas de interés, los mercados financieros
tuvieron un desempeño favorable, pese a que en lo que se refiere al
crédito bancario al sector privado no financiero continúa contrayéndose.
En lo que toca al sector de la construcción, el dinamismo mostrado
por el sector durante 1999 significó un incremento anual de 4.5% con
respecto a 1998. Este resultado se debió a las mayores obras en transporte,
que incluyen autopistas, carreteras y caminos; y obras de urbanización
y vialidad, entre las principales; en agua y saneamiento, como son
obras de riego; perforación de pozos; sistemas de agua potable y conducción,
por citar las más importantes. En menor medida se incrementaron las
obras relativas a electricidad y comunicaciones, como instalaciones
telefónicas y telegráficas; y líneas de transmisión y distribución
de energía, entre otras.
El crecimiento en la obra construida se reflejó en una mayor demanda
de materiales, entre los que se encuentran alambrón, tubos de PVC,
hierro y acero, cemento, concreto premezclado, perfiles de hierro
y acero, y varilla corrugada.
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